Todo comenzó con un
proyecto. Ahora sabemos que era más bien un sueño o una utopía, pero para Van
Gogh fue algo muy real y palpable, una chispa que brotó de repente en su
cabeza. Una chispa que, prendida, consiguió sacarle de la oscuridad que había
invadido su vida y le provocó una vorágine creativa como pocas veces había
experimentado. La ilusión del iluso Vincent no era otra que crear una comunidad
de artistas que renovasen y reinventasen el arte de la época. Reuniendo a un
nutrido grupo de artistas (entre los que se encontrarían Signat o Bernard) revolucionarían
los planteamientos de la pintura y la sociedad.
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| Fragmento de un autorretrato. Extraída de ABC digital |
Como primer “cuartel
general” para su grupo de pintores, Vincent alquiló en Arlés una propiedad a la
que llamó “La casa amarilla” (la cosa va
de casas y de colores:¡Frida Kahlo nació en La casa Azul!). Como primer
inquilino y miembro de su sociedad, invitó a su amigo Gauguin a pasar una
temporada juntos para poner en marcha su ambicioso plan. Seguramente, una de las causas de la
inviabilidad del mismo fue la bucólica relación entre los dos compañeros. No
podría ser más irónica, pues si por algo se recuerdan esas
no-tan-paradisiacas-vacaciones, es por el explosivo carácter de los hombres y aquellas
disputas que dejaban salpicaduras de sangre.
De caracteres e
intenciones muy dispares, tenían una manera diferente de concebir la vida y el
arte. Gauguin personificaba el inconformismo y la búsqueda interminable. Búsqueda de un sentido vital y de colores
brillantes para elaborar sus cuadros. Antiguo agente de bolsa, harto de la vida burguesa, ansiaba una
revelación artística y personal, para lo que tendría que librarse de los
convencionalismos. Sin embargo Van Gogh parecía serio y tranquilo, no tenía esa
misma pulsión, y su búsqueda de
trascendencia era más real y profunda. Tras
una acalorada discusión, regada con bebida y frustraciones, el holandés atacó a
Gauguin con una de sus navajas de afeitar. No fue él quien resultó herido. En
un acceso de locura, su arrepentimiento y la angustia por la perspectiva de
quedarse solo de nuevo y sin la compañía de Gauguin lo empujaron a cortarse una
oreja y ofrecérsela a su compañero a
modo de disculpa.
Aunque se ha mitificado
este episodio con miles de teorías de la conspiración, nosotros creemos que es
solo otro ejemplo de un espíritu atormentado. Un espíritu atormentado que marcó
las relaciones que Van Gogh tuvo a lo largo de su vida: con las mujeres y los
hombres, con el arte y consigo mismo.
Bibliogragía y fuentes
* NAIFEH, Steven; SMITH WHITE,
Gregory. La Vida de Van Gogh. Penguin Classics. Estados Unidos. 2012
* CHAPARRO MARTÍNEZ, Sandra. Vincent
Van Gogh. Razón y Fe: Revista Hispanoamericana de cultura. Número 1380.
Páginas 299-306. Madrid. 2013. ISSN 0034-0235
* MCKENNA, Tonny. Vincent Van Gogh. En Critique: Journal of Socialist
Theory. Número 39.
11/04/2015. Páginas 295-303. ISSN 03017605. Disponible
online http://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/03017605.2011.561634
* LÓPEZ DIVI, Maria del Carmen;
HERNANDO GARCÍA, Nuria. Enciclopedia
Artística Vox. CREDSA, 1993.
Madrid. ISBN 84-7153-738-9
* PUIG MARÍ, Eulalia, y equipo de
redacción. Vox Diccionario
Enciclopédico. Tomo cinco. CREDSA, 1990. Madrid. ISBN 84-7056-256-8
* FERRER, Isabel. 08/02/2002. La tormentosa relación artística de
Van Gogh y Gauguin inunda Amsterdam. El
País Digital. Fecha de
consulta 19/11/2015. Disponible en http://elpais.com/diario/2002/02/08/cultura/1013122802_850215.html
Fotografía
Fotografía Fragmento de un
autorretrato. Fecha de publicación 12/07/2015. Tras los pasos de Van Gogh
en el 125 aniversario de su muerte. ABC digital.
Fecha de consulta 25/11/2015. Disponible en http://www.abc.es/cultura/arte/20150712/abci-aniversario-muerte-gogh-201507111721.html

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